Ambulantes Errantes - Jabadiah
Días lluviosos y asolados por el calor, agradable mezcla creada por un ente que no sé si es Dios o el mismísimo Buda, que con su sonrisa, pareciera tramar algo bufonesco. Lo envidio, viejo gordo y calvo con joyas en sus ropas y sentado sobre una alfombra bastante cómoda. Da igual, yo soy mechudo y grimoso para los que caminan cerca a mi cabeza mientras dormito en la acera. No estoy obesito, soy el sueño de modelos de la “high” y mi alfombra son los cartoncitos que sobran de las tiendas de almojábanas, pan de bono y churros del centro de la ciudad. Deambulo cada día de trabajo llevando y enseñando a transeúntes despistados, que no saben si aprender o correr por mi aspecto, mientras explico, donde un caudillo clamaba por la independencia de una clase baja y la liberación de la pobreza emergida desde los cimientos mismos de lugares denominados Cartuchos, Esos ya inexistentes. ¡Dulce hogar expropiado! Que será de mí sin tu regazo, desplazado, sin ti. Eso ya no importa, conllevo la pena entre un país pequeño de barrios extendidos, con culturas diversas emergidas por invasión propia. Multicultural territorio que por herencia es nuestro, así tengas casa y yo cambuche ¡me encanta que vengas a mi propia urbe! la del centro de la ciudad que descansa entre luces de postes viejos, tan altos como urapán solitario de cuadra vieja con hollín. Calles que cuentan cuentos como yo trato de hacerlo. Lanzas monedas a mis brazos, sin atinar a mi vaso de kumis plástico, alcancía de los sueños diarios que se ha convertido en mi monedero de lujo… Es hora de despertar de los sueños asfalticos. Levanto brazos, estiro piernas, peino la barba, ¡Es muy larga, se me olvidaba! Me toma diez minutos, saco la mano de la barriga, acaricio a mi amigo, ¡Mengano venga pa’ca! No lama mi mano, no hay que merendar. Brilla el cielo, agraciada mañana adornada por azules puros, mares vírgenes, blancos desvanecidos como brochazos desgastados. Hoy es un gran día para laborar, ¡quién dijo que hay desempleo! ¡Es uno el que se lo debe maniatar! Mucho loco. Loco usted no me bregue, yo si trabajo, no me quejo de mi ciudad que me ha dado tanto. Monserrate, templo de la promesa mensual y última solución celestial, vamos pa’lla Mengano, que en las escaleras conseguimos monedas, unas feas otras brillosas, da igual, lo importante es que no sean de mil, loco soy pero no estúpido, deme dos de quinientos, ¡Que le pasa ñero! esas también están falsas, mejor deme sueltico que con eso me defiendo. Señor caído te ofrendo dos mil pesitos que he recibido, de las ganancias que me has dado, este es mi sacrificio. Vamos Mengano que nos espera más labor, bajemos a la Plaza de Bolívar y protestemos frente al Palacio de Justicia ¡Deme trabajo, soy desempleado! Camine más bien miramos a quien cogemos y enseñamos, la delicia de vivir en la urbe bogotana, suite de cinco estrellas, miles de metros cuadrados, me tiro donde sea. Parque del Renacimiento donde me arruncho junto a Botero, me siento estrella de cine al dormir con famosos gordos y brillantes, que envidia me dan… Si ya sé, estoy loco. Camine Mengano que falta recorrer más, ya casi llegamos. Primero visitemos aquel pueblo, de casas viejas que destiñen madera, pueblito viejo, que rico viaje, fuera de las drogas aspiro tu antaño, me he encontrado en medio de la ciudad con la época colonial, de criollos en revolución y españoles locos, ¡Policarpa exclamó! "¡Pueblo indolente! ¡Cuán diversa sería hoy vuestra suerte, si conocieseis el precio de la libertad! Ved que aunque mujer y joven, me sobra valor para sufrir la muerte y mil muertes más" Eche pa’ bajo Mengano, vea ese edificio esquinero, que salvada te pegaste mi viejo, casi eres demolido por mediocres. Vengan y les cuento la hazaña del maestro Arciniegas. Tal iniciativa no valió, su historia era de reconstrucción, estúpidos criminales provocaron incendios, llamas dejaron en ruinas la antigua casona, nuevo Palacio de Liévano, cuna de la alcaldía distrital. ¡Sigan, sigan! aquí hay más campo para seguir contando la historia de un Sultano y un Mengano, ¡cállese perrito que no es con usted! Perdonen ustedes este perro loco, decía. Un Mengano le puso nombre al edificio y un Sultano lo diseñó. ¡Si Mengano! ya cuento quien fue Gastón Lelarge, el arquitecto francés que entre pinceladas y creatividad, dibujó con gran esmero lo que vemos a mi derecha. Señor transeúnte siga, bien pueda le cuento la novela. Esa de quienes construyeron las joyas que no nos ponemos como los de la farándula criolla, pero sabemos por cultura son nuestras y adornan la historia de antepasados rolos o cachacos, como quieran llamarnos. De la misma manera te albergamos paisa, te queremos en nuestros barrios compadre costeño, para todos hay espacio, pero mejor no me extiendo, permítanme merendar un poco, nos pillamos luego. Once de la mañana que rico postre de ese tal Cirano, de lo de antaño es lo mejor que he probado, tenga un poquito pa’ su resaca Mengano, todavía lo veo mareado por los chorritos de Quevedo, lugar teatrero empedernido, entre chicha casi en el olvido, mucha tomamos pero que numero nos fajamos, danzando cumbias de mundos paralelos, ese ha sido otro gran lugar de trabajo improvisado. Vámonos que ya es hora, bote el desechable ¡Chite perro! ¿Por qué me muerde? Hablo del envase que debe depositar en las canecas de la séptima, las enrejadas de cada calzada, allí en frente de ese hotel Tequendama. Subamos por donde se ven las estrellas, las que de noche alumbran más, que los faroles del eje ambiental. Si que rico, ahí te bañas Mengano, pero está mal, contaminas las aguas de San Francisco, mejor cuidémoslo de los otros colegas, los Nietzsche de nuestra era, que no escatiman esfuerzos por querer llamar la atención ¡cuidado con el loco! Ya relájese que vamos pa’l paraíso, ¡aquí contaré otro cuento! Erase una vez un tal Copérnico que decía “Oh cielo si en el día brillaras con tal intensidad que en la noche, alcanzarían el doble de días para estudiarte y admirarte” revolucionario de las estrellas, he aquí a unos niños de escuela, que inocentes saludan a Mengano y escuchan mis historias, pero lo que no saben es que mi perrito es universo de bichitos. Bueno decía, las estrellas se congregan en este solo punto olvidado, un poco por los juegos mecánicos de mundos aventureros y mágicos, este es un mundo astral, viejo como si solo, pero rico en aventuras fantásticas de imaginación creadas. Cometas que solo en películas alcanzarías, constelaciones de signos que ya ni recuerdo a cual pertenezco, da igual, todos los días son mis cumpleaños estudiantes míos. Cada día me regalan lindos obsequios, papitas fritas, tajaditas, chitos, no tranquilos, sigan platicando. Mejor pidan un deseo en aquel santuario. Circule Sultano, digo Fulano, ¡ya me confundí Mengano! Chao niños sigan con el recorrido que yo me embarco a otro camino, uno un poco más terrorífico. Marche señor Mengano, esta vez no hemos recibido monedas, hemos sido bien alimentados ¡ah niños! Sándwich de bolsillo y pollito frio, las meriendas nos han ofrecido por contarles un poquito del planetario lindo. ¡Deme una monedita loco!, Crispeta, mi viejo, que anda haciendo por acá, fijo encomendándose a los ilustres del panteón del Central. Almas lánguidas, moradas espectrales, aroma de paz, extraña quietud entre la Bogotá caótica. Crispeta, que rico sería dormir aquí junto a un ex presidente, mi par, porque presidente soy, no hay jefe, nadie más que yo, Mengano mi fiel vice, pero nada más. Cris deje de pedirle a los muertos, no sea loco, pídale a los vivos, pero ojo con el vivo que lo trate de loco ¡Nos pillamos en el cielo de locos! sigamos Mengano. Divagando realidades, rieles y fierros, ruidos y estruendos me llevan al norte de la ciudad, Mengano no te quedes, corre hacia el tren, ese que retumba la sabana y es admirado aun por la modernidad de sus habitantes. Conoce mientras andamos colgados del vagón, los verdes campos aun inexplorados, los humedales que acuden a gritos por nuestro socorro, singulares formas hacinadas por el smog y la metrópoli. Pobres animalitos Mengano, de todas formas aquí los cuidamos, la Bogotá ha evolucionado a lo natural entre la artificialidad de su forma, ciudadanos concurren ante tu preservación. Aquí me bajo yo, mil gracias viajero negro metálico, estela dejas en años de preservación, motor a carbón, ciudadano bohemio o campesino arraigado sigue viajando por tus sueños. Sigamos el camino hacia la nueva bendición, hacia un lugar homónimo, albergue vagabundo, he aquí mi nuevo número. ¡Mengano sit! Siga la dama, siga el caballero, venga y mira el perro rumbero, danzando frente al templo que otorga el milagro de ver, a Mengano saltando con el merengue de un tipo que siempre loco se volvía, así como yo, por ver la belleza de Lourdes. Alargando tu figura hacia el cielo, cada vez lo alcanzas ¡oh! ¡Exaltación divina! Tus feligreses anhelan viajar contigo aferrados a tus puntas, déjame un espacio entre tu cristiana femineidad. Iglesia mía, iglesia viajera, contigo desde las tinieblas, baila Mengano junto a su figura, implora ser bien recibido, siga la dama, siga el caballero, gracias por su tiempo y por escuchar mis cuentos, un día más de trabajo he ganado, faltaron lugares por recorrer, mis pies no dieron abasto. Sin mocasines ni sombrero, ni siquiera calcetín, con mi perro hemos sido obstinados con nuestra labor, contar al transeúnte despistado y el extranjero avivado por el pasado, lo que nuestras mentes han guardado. Sí, estoy loco, pero loco por tu belleza, loco por saber que tus calles acogen a otro como yo, que entre parques duermen. Noventa y tres, novios, libertador, no ese no, mejor del virrey, donde de noche soy rey, feliz por la osadía de enaltecer tu ser tan solo con palabras de un ente creído como irracional, Mengano también ayudó, dale crédito también, un pancito estaría bien, uno de doscientos, o bueno uno de mil por su baile pintoresco. Septimazo seguro, vuelvo a mi hogar, lugar de Art Deco y Nouveau, no hay contradicción, hacia el cerro divisando la torre que maneja el tiempo que se me ha ido, habitante de la calle me ha concedido, tener consideración alguna del tiempo, ni los años envejecen, ni mentes se rasgan ante tal preocupación. Libre con Mengano, Sultano, hasta Fulano, locos de la calle que no me han dejado. Se me olvidaba el viejo Crispeta, hombre de asterisco pelaje craneal, todos felices por la vida que nos ha tocado, disfrutamos de narrarles lo que sentimos, ¡cállese loco déjeme hablar! Pasión siempre despiertas a todo aquel que vivió en tu historia, aunque sé que no existen, Menganito me lo dice ¡No te hundas más mi viejo! Que sin ti, parte del patrimonio se irá, mejor observa a este animal, que como tú, aprendió a caminar, yo de bebé, tú ebrio, de los placeres del vino caliente de Quevedo que te has dejado llevar. Recuéstate que otro día vendrá, para contar los placeres de vivir en esta ciudad multicultural, Mengano a tu lado dormirá. Hasta mañana mi viejito, otro día citadino se ha esfumado al occidente, de lluvia naranja bañada la sabana, último haz de luz, nos vemos mi compañera Bogotana.